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May 12

SILLY SEASON ¿2008?

Es poco probable, pero ¿podría haber cambios en los equipos punteros antes de final de temporada? La tradicionalmente llamada “Silly Season” (término anglosajón con el que se denomina a los rumores sobre fichajes en la F1) pronto empezó de cara a 2009 con los rumores de llegada de Alonso a Ferrari, pero incluso podríamos empezar a escuchar rumores sobre este mismo año si tenemos en cuenta el rendimiento de dos pilotos en este inicio.

 

El que seguramente corra más peligro es Nelson Piquet Jr. El brasileño supuestamente venía avalado por el dinero de Carlos Slim a través de Telmex, que finalmente no ha fructificado. No sólo eso, fue quien le disputó el título a Hamilton en la GP2. El problema es que su rendimiento en este primer año está siendo muy pobre. Demasiado. No tendría que estar demasiado preocupado en otras circunstancias, pero con Romain Grosjean luciéndose en la GP2 de la manera que lo está haciendo, la sombra del franco-suizo es cada vez más alargada. A su ya demostrada velocidad le está sumando una consistencia y madurez elogiables. Sus errores son pequeños y muy escasos, algo muy remarcable en una categoría como esa.

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Otro de los que puede estar dilapidando sus opciones de cara a 2009 –es casi imposible que pierda el puesto este año- es Nick Heidfeld. Hasta hace muy poco el piloto referencia del equipo, este año Robert Kubica ha dado el salto de calidad que tanto se esperaba. Sigue siendo tan rápido como siempre y ahora es, además, mucho más consistente y fiable. Es la única alternativa a Ferrari y McLaren y le está dando un repaso a Nick de impresión. En 2009 la marca bávara irá a por el título y para ello querrá a alguien de renombre junto a uno de los actuales pilotos. Y Robert tiene todas las de ganar.

May 11

El día que el amor cambió el destino.

Montecarlo, 8 de Agosto de 1937.

 

 

Carach entra en boxes a toda velocidad con su Mercedes. ¡Maldita sea!, grita para sus adentros. El alemán estaba luchando por la victoria con su compañero y rival Manfred Von Brauchitsch. Esta parada le va a obligar a destapar el tarro de las esencias una vez más. Pero Rudi ya no es el de antes, una de sus piernas y su cadera está destrozada. Aquel accidente en las inmediaciones del túnel le marcó de por vida. No solo físicamente, sino también mentalmente. Llegó a estar al borde del abismo cuando murió su mujer... pero su querida Baby le dio alas, le dio la fuerza que no tenía. Y eso también influirá en esta carrera, aunque de un modo diferente al habitual.

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Se detiene en boxes. Los mecánicos se lanzan sobre el pesado Mercedes y cambian sus neumáticos. La bencina corre por las entrañas del bólido deseante de dotar de impulso al coche. ¡ Gehen sie Carach! , le grita Neubauer. Acelera y sale disparado en busca de la curva del gasómetro.

 

Ahora Rudi debe concentrarse en alcanzar la perfección, limar cada milímetro junto al bordillo, aprovechar cada caballo de potencia, exprimir los neumáticos hasta su límite.

Manfred le saca casi una vuelta de ventaja. Entonces, Rudi da una clase de conducción una vez más. Han sido tantas ya... Ni siquiera su cadera dolorida puede frenarle en este momento. El record cae vuelta tras vuelta, incluso cuando Rudi frena con demasiada fuerza en Gasworks y el coche se cruza. No hay problema, Rudi controla el sobreviraje y acelera rozando las balas de paja con su neumático trasero izquierdo.

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¡Ya lo tiene!. Manfred está a tiro, a punto de ser devorado por la fiereza del viejo Carach, como así le llaman los alemanes. Pero no todo será tan fácil. Manfred está inspirado hoy, parece como si tuviera ojos repartidos por el circuito, por el coche. Adivina, como por arte de magia, lo que Rudi trama, cuando intenta el ataque, sus tiempos por vuelta, el estado de sus neumáticos, ¡todo!

 

Pero lo que el viejo maestro no sabe es que su pupilo no está solo en esto... agazapado, tras los raíles de Saint Devote, se encuentra un hombre cegado por la venganza, por el desamor. Louis Chiron le indica a Manfred todo lo que necesita saber. Y Rudi lucha contra dos hombres sin saberlo, ¿será demasiado para él? Es posible.

 

Rudi está confuso. Su contrincante adivina cuando ralentiza para conservar neumáticos y cuando se lanza como un zorro en busca de su presa. Lo intenta en Gasworks, al salir del túnel, en Saint Devote, en la estación... todo es inútil, Manfred pilota con extrema inteligencia.

 

¿ Pero qué impulsa a Chiron a actuar así? Baby, ni más ni menos. El amor de su vida le dejó por Rudi. Y él, aunque en principio aceptó la circunstancia con caballerosidad y nobleza, no ha podido resistir a la desesperación. Se siente traicionado y está sediento de venganza. ¿Qué mejor forma de hacerlo? Privando al viejo Carach de lo único que le hace olvidar los dolores, la crueldad del pasado: la victoria. Y Rudi sufre. Por que lo está dando todo y, sin embargo, no consigue ver la victoria a su alcance.

 

Queda una vuelta. Mira al muro de boxes y ve a los chicos de la Mercedes gritando, haciendo aspavientos, Ellos están disfrutando como pocas veces lo han hecho. En el fondo, Rudi también. Al fin y al cabo, hubo un tiempo en el que no podía imaginar volver a hacerlo de nuevo. No había luz, no había esperanza. Realmente, no había nada.

 

Solo le queda una oportunidad, acelerar antes a la salida de la curva que desemboca en la meta y pasar a Manfred sobre la línea de llegada. ¡Y lo intenta!. Manfred ha patinado un poco al dar gas y Rudi, sin embargo, ha ejecutado con maestría y suavidad la trazada. ¡Se emparejan a lo largo de la recta mientras los espectadores vibran de emoción! Se miran mutuamente mientras aplastan literalmente el acelerador, Manfred tiene el rostro contraído, atenazado por el ansia de ganar. Rudi, por su parte, conserva la frialdad que caracteriza a un hombre que ha sido curtido en mil circuitos. ¡La victoria espera a uno estos dos colosos!

 

Fin de la carrera, Manfred ha ganado por un suspiro.

 

Y cuando los dos pasan por Saint Devote, un hombre sonríe maliciosamente. Es falsamente feliz. Por que ha conseguido lo que se proponía, ha consumado su venganza. Y sin embargo, no puede evitar sentirse frustrado. Por que sabe que cuando Carach vuelva a boxes, Baby le abrazará y besará como si hubiera vuelto de la guerra.

 

Y su felicidad crecerá un poco más si cabe, porque se tienen el uno al otro.

 

Louis ni siquiera tiene ya las carreras. Al menos durante un tiempo.

 

14 de julio de 2002.

April 27

¿Qué se siente?

Una vez dentro, el cuerpo ya no es cuerpo, es parte del motor; ojos del volante, manos de las ruedas... La mente no pertenece al conductor, está vacía; no se piensa, se reacciona, si piensas, pierdes.
Si todo va bien, el interior de tus retinas solo visualizan la estrecha calle gris, los obstáculos pasan suaves, el coche que tienes delante no es más que un objeto al que hay que superar, no existe el exterior, solo el auto y tu, es decir; solo uno deslizándose sobre el gris, que no es más que una suave cinta de seda que hay que recorrer con precisión, rapidez e inteligencia. No se disfruta mientras estás en la pista, no hay tiempo de experimentar esa sensación, a cambio, la adrenalina acumula todos los millones de detalles para que, en el vértigo que sigue a la frenada final, los analices, los sientas y dejes que te arrastren hasta aquellas cosas minúsculas que creías no haber visto, que no parecían importantes. Mientras intentas recobrar el equilibrio de haberte quitado cuatro ruedas y volver torpemente a las dos piernas, lo interesante no es ganar como fin último, sino aprender en el trayecto.
Si, en medio de la velocidad, sientes que sales del letargo durante un segundo y crees distinguir el sol brillando en la carrocería que tienes delante, sabes que has perdido por ese día, un destello te ha traicionado durante el segundo necesario para que tu mente pierda el ritmo del automatismo, la conexión vital con el motor, la unión física con el coche, lo has perdido todo, porque, además, en ese segundo, se han escapado los millones de imágenes que tu cerebro ha almacenado desde la salida, ya no puedes detenerte, más adelante a buscar el fallo, el momento en que perdiste la concentración hizo desaparecer el resto, pero, si además, en ese segundo, has tenido tiempo de fijarte en la belleza del día, en que empieza a llover o en quien intenta adelantarte, muy probablemente te encuentres, sin saber como, en la arena, fuera por completo de la pista... La belleza del sol poniente, el sonido de la lluvia, el clamor del público... si has tenido tiempo de fijarte, te han dejado fuera...

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¿Que se siente realmente al bajarse de uno de estos coches? ¿Podéis soñar unos minutos con ello? el pulso se acelera y la adrenalina fluye por todo el cuerpo.

 

1 DE MARZO DE 2001. Cristina Martín.

December 01

¡No pienses en ello!

“¡¡No pienses en ello!!” Se dice para sí mismo Calbert... pero es inútil, el recuerdo de Jean- Pierre le martillea una y otra vez la cabeza. Su amigo, su compañero, su rival, acaba de morir hace unos segundos. No le hace falta una confirmación, una señal... lo presiente. Cuando uno lleva tras de sí tantas carreras, tantos accidentes, tantos amigos a los que se les escapa el aliento entre los amasijos de hierro en los que se convierten sus monoplazas, no necesita hechos, la angustia te lo dice todo.

 

Calbert negocia Lesmo en busca de algo, algo que le permita concentrarse en el pilotaje, porque de eso depende su vida ahora. Pero solo ve llamas, terror en las caras de los aficionados y desesperación en los comisarios. El piano exterior de la segunda de Lesmo tampoco se lleva todo lo que le hiere, es más, le avisa. Si vuelve a trazar sin controlar el acelerador de modo progresivo, la carrera acabará, sino algo más.

 

La Variante Ascari espera desafiante al fondo. Calbert aplasta el acelerador con fuerza, pero con temor también. En condiciones normales desearía que el acelerador tuviera más recorrido, desearía alcanzar más y más, pero ahora siente que el pie vacila, como si el pedal quemara. Calbert tiene miedo de llegar, sabe que la Parabólica le esperará después... y tendrá que hacerlo, deberá pasar junto al cuerpo sin vida de su amigo sabiendo que ya no podrá volver a entrenar con él, mejorar con él, reír con él. ¡Que cruel es este deporte! ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué no paran la carrera? Las banderas amarillas ya están junto a él, advirtiéndole de lo que hay más allá. No puede seguir, no puede pensar, no puede pilotar...

 

Levanta el pie, el coche empieza a perder velocidad lentamente, los 12 cilindros de su motor ya no chillan con intensidad, parece como si ellos también hubieran sentido la pérdida del chico francés que tanto luchó por mantenerlos a pesar de que ningún equipo los usaba ya. No toca ninguno de los pianos, ni el de entrada ni el de salida. Los fotógrafos apostados en la chicane se miran sorprendidos. Quizás el motor se haya roto... no, no hay humo blanco en el difusor trasero. Pero, ¿entonces?, se preguntan todos. Calbert ha salido de la Variante y enfila la recta que le lleva al infierno. No sigue la trazada y sus slicks se llenan de suciedad y trozos de goma. Se levanta la visera y el aire le da en los ojos. Un zumbido pasa a su lado, inmediatamente después tres más le siguen. Se alejan con la misma velocidad que se acercaron. Calbert no los ve. No los oye. Ni siquiera escucha su propio motor acercándose al ralentí a la curva mortal. Solo ve fuego y una ambulancia. Sus ojos se humedecen debido a la fuerza del aire a través de la visera de su casco. Todo el circuito enmudece con él. Al entrar en la Parabólica el coche ya no tiene impulso, el motor se para. Calbert gira la cabeza, las lágrimas ya no son producto del aire, ahora es el dolor el que le invade todo el cuerpo, con más intensidad que nunca. Se quita los cinturones y se levanta. Sale del monoplaza y pisa la arena de la puzolana. Siente el calor del fuego en su cara, pero a pesar de ello no deja de caminar hacia ellas tambaleándose.

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Poco después pierde el equilibrio cayendo sobre la tierra de rodillas. Llora con intensidad, sufre con intensidad. Tanta intensidad como la del fuego que se ha llevado su amigo.

 

Tanta intensidad que cambia su vida. Ya no es piloto de F1, jamás volverá a serlo.

 

A todos aquellos que murieron, a los que lo superaron, y a los que no pudieron (relato escrito el 12 de abril de 2002).

November 29

Al otro lado del túnel.

No llovía, pero la humedad que arropaba la noche sobre el pequeño Principado hacía que las calles fuesen más anchas, como si la otra acera fuese algo distante y lejano. Y, en cambio, sabía perfectamente la distancia que separaba a ambos bordillos. Se había propuesto pasear durante algo más de una hora, no iba a cometer la locura de no dormir aquella noche, pero aquel silencio, sólo desmentido de cuando en cuando por el eterno sonido a ciudad, le hacía seguir andando. Desde el puerto, el mecer del agua bajo los barcos arrullaba sus sueños.

 

Él había visto los barcos horas antes, cuando la luz aún es suficiente para seguir trabajando duro en su proyecto, cuando apenas había tenido una milésima de segundo para levantar la vista y dirigirla hacía el puerto y evocar un recuerdo estremecedor, como si él hubiera caído al mar en el 55 y no Ascari... borró aquello de su mente y siguió disfrutando del agradable anonimato nocturno. Además, se había dicho a sí mismo que no iba a pensarlo, que esa noche, dejaría pasar las horas pensando en otras cosas... Pero le era imposible, había llegado al túnel, aquel profundo y oscuro agujero que te desafía a pasarlo a fondo, a no temer los fríos guardaraíles... o fracasar en el intento. Con él no valen medias tintas, o triunfas... o te aplasta.


Debía volver al hotel, pero aún se concedió unos minutos para reflexionar sobre aquella oscuridad envuelta en piedra... si lo recorriese en ese momento, una y otra vez, cada vez más rápido, cerrando los ojos con fuerza en el momento en que se diera cuenta que no podía haber una próxima vez más rápida aún, entonces, y sólo entonces, podría decir que en el interior de aquel pasadizo que tanto sudor había hecho (y habría de hacer) brotar, era de día para él... el más claro de los días; ni una mota de sombra, ni una mota de duda, sólo un camino.

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Se dio la vuelta, cruzó la calle caminando hacía Loews con zancadas ágiles y pensó que, quizás, muy probablemente, era aquello lo que querían explicar las miradas entre pacientes y preocupadas que a menudo le dirigía su mujer. Quizás aquellas miradas le estaban preguntando si había sitio para un después... bien, quizás también, ese momento había llegado. Por eso estaba allí, intentando tomar una decisión, a solas con su adversario, escuchando, viendo y sintiendo a cámara rápida, todo aquello que había en su cabeza y en su corazón.

 

Desde luego, todos entenderían que no era cuestión de rendimiento, eso era indiscutible, y hubiera sido una necedad intentar ser humilde en ese sentido; era bueno, de los mejores. Tampoco era falta de ilusión, en absoluto, cada día sentía vida en el motor, en los neumáticos, en las largas horas de preparación física... cada día esperaba con ansiedad aquélla idea nueva, pequeña e ilimitadamente genial con la que poder trabajar, adaptándola a sus necesidades y a las del coche, moldeándola con su equipo hasta conocerla y sentirla como parte de su cuerpo. Una extensión de sus actos...

 

¿Miedo?... se detuvo unos segundos en la idea. No, definitivamente, ese no era el enfoque adecuado: no sentía miedo en los tests, no sentía miedo en las carreras. Pero sí había algo más de prudencia en sus actos, sí había un deje de resquemor, la diferencia entre “a fondo” y “casi a fondo”. Sus pensamientos se iban desviando lentamente del “perderás el ritmo si buscas el ápice a destiempo” al “si pierdes el control un solo segundo, pasaras por la grava y frenarás contra el muro... de alguna manera”.

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Estaba cambiando, no había duda, y, quizás, ese cambio era el anuncio de que debía hacer algo al respecto y, por mucho que intentara ahogar la idea, ese algo era dejar la Fórmula 1 como piloto. Quizás le quedaban una o dos temporadas de gloria, sí, pero después, estaría esperándole el cambio, y eso no podía negarlo ni evadirse de ello y había elegido aquella noche para pensarlo, la noche antes del mítico Gran Premio, en el que reinarán para siempre Graham y Ayrton... el que separa a los niños de los hombres. La noche antes del túnel con el que se sueña, el túnel de la gloria, la noche antes de volver a medir, una vez más, la distancia entre bordillos, la noche antes de ver pasar el puerto a toda velocidad ante sus ojos 78 veces, una noche en que él sabía bien que sus técnicos no dormirían sin antes asegurarse de conocer los efectos que cada tuerca o reglaje ejercerían sobre el resto del automóvil, teniendo en cuenta temperatura y humedad ambiente.


Llegó al hotel y saludó con la mano a un grupo de mecánicos uniformados de otro equipo, que discutían sobre algo en el descansillo, le devolvieron el saludo con una sonrisa y entró en el ascensor. Tendría mucho que discutir al final de la jornada siguiente, tendría muchos detalles que estudiar y mejorar para la siguiente cita, necesitaba todos sus sentidos alerta y despiertos... entró en la habitación, cogió el teléfono y marcó.

 
- ¿Si?
- ¿Dormías?
- No, estaba despierta ¿cómo te ha ido el día?
- Estoy deseando volver a casa.

 

La decisión estaba tomada. Ahora tendría que hacer un hueco en sus pensamientos para el “después”.

Para lo que hay al otro lado de túnel.

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Relato escrito por Cristina Martín el 8 de diciembre de 2001, con la colaboración de David Plaza.

November 28

Jugando a ser adivino.

Muy poquito a poco se va aclarando el futuro de Fernando Alonso para 2008. O, mejor dicho, cada vez quedan menos opciones a elegir para el piloto español. Eso es lo que parece al menos.

Si echamos mano de contratos firmados y desmentidos categóricos, la opción sería, básicamente, Renault. Pero es evidente ya a estas alturas que Fernando no quiere volver junto a Flavio Briatore. Me tomo la libertad de analizar las diferentes opciones.

·         La más evidente, Renault.

Pero sólo en apariencia, pues  a pesar de que Briatore insista en que lo mejor que le puede pasar a Fernando es volver a casa, los plazos que el italiano marca son ignorados sistemáticamente por Alonso. Entre medias está el tema del espionaje a Renault, que se resolverá el 6 de diciembre, pero lo cierto es que este equipo ha demostrado que sabe hacer un coche campeón y no por casualidad. Han detectado sus problemas de este año. Aparte de perder a un piloto como Alonso, que tuvo que ser reemplazado en cuanto a desarrollo por Fisichella, a años luz de su mejor nivel y con un Kovalainen aún en fase de adaptación a primeros de año, tuvieron que aprender a vivir sin Michelin. Algo así como si a Ferrari le quitaran a Bridgestone. Estos dos equipos se podían permitir el lujo de diseñar el monoplaza a partir de los neumáticos y claro, Renault tuvo que pasar a diseñar un coche y luego adaptarlo a los Bridgestone. Luego el tema del túnel de viento. El de Renault no es ni muchos menos lo último en tecnología, tiene bastantes años, pero su gran rendimiento hizo que se descuidara su control en los últimos tiempos y ello desembocó en errores de cálculo que desembocaron en problemas aerodinámicos en el R27. Todo esto es solucionable y no lllego a entender porqué la gente confía más en McLaren que en Renault para calificarlo como equipo ganador en 2008, ¿acaso McLaren ha conseguido un coche ganador dos años consecutivos desde los tiempos de Hakkinen? Yo confío más en Renault, sin duda. Pero ¿hay dinero suficiente? Se dice que tras la marcha de Mild Seven la economía del equipo no es lo suficientemente boyante como para convencer a Fernando. Yo, personalmente, creo que Alonso no quiere volver a Renault, además de por las posibles causas que hemos comentado, porque no quiere ver de nuevo las mismas caras en el mismo sitio. Lo que le animó a marcharse a McLaren en su momento huyendo de la rutina en la que se convirtió Renault. A Fernando le mueven nuevos retos.

·         Soñar es gratis, Ferrari.

Opción en principio imposible. Ferrari, con Kimi campeón no se va a mover. No es su estilo, saben perfectamente que si algo no está roto no debes arreglarlo. Quizá tengan atado a Fernando para el futuro, pero en 2008 las cosas no cambiarán. No es el estilo de Ferrari y tampoco tienen porqué hacerlo.

·         Mi apuesta, BMW Sauber.

Theissen ya ha demostrado que los contratos no son impedimento para conseguir sus objetivos y que no tiene reparos en hacer apuestas arriesgadas. Y, de todos modos, Alonso es todo menos eso. BMW lo tiene todo. La más avanzada tecnología, el nombre, el presupuesto, y una base que ya se encuentra muy cerca de las victorias. Una pareja Heidfeld-Alonso haría crecer al equipo muy rápidamente desde el punto de vista de desarrollo y el rol de nº1 estaría claro. Y creo, sinceramente, que es el sueño dorado de Fernando. Por lo poco que conozco de su personalidad y porque me parece el equipo del futuro a la hora de desbancar a Ferrari.

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·         Años duros, pero con posibilidades. Honda y Toyota.

 

Sí, Honda es un desastre. Pero con Ross Brawn es un equipo completamente distinto que sin él. En el equipo se ha creado un nuevo cargo, sin cambios de organigrama, sólo para hacerle hueco. Eso significa que Ross, que no es tonto, ha dicho: “o hago y deshago a mi antojo o no firmo”. Y ese es el mejor síntoma de que algo va a cambiar en Honda. Un apunte. Su mejor año fue el último del equipo antes de que la marca nipona tomara el control absoluto, con BAR como nombre. Hay buena gente, pero no hay buena organización. Brawn va a hacer cambiar eso poco a poco, aunque llevará su tiempo y no sé si Alonso tendría esa paciencia. Algo parecido pasa con Toyota, que tiene todo el dinero del mundo. Pero, ¿funcionaría? No creo que en Toyota Alonso fuera la única pieza necesaria para terminar el puzzle. El problema de este equipo no es tan simple como que tiene su base fuera de Inglaterra (otros equipos la tienen y no hay problemas y, además, cada vez tenemos a más ingenieros no anglosajones de prestigio). Es un problema de filosofía, de tener que marear decisiones por demasiados despachos antes de que sean aprobadas. Toyota debe cambiar desde sus entrañas para ser competitiva. Y, también, ser más valiente con el diseño del coche.

 

·         Red Bull…¿?

Suena extraño que Fernando pueda querer a Red Bull como su destino, a no ser que tenga algo con un equipo grande para 2009. Es un equipo muy joven, que deja libertad de movimientos, pero que también exige mucho desde el punto de vista de marketing a sus pilotos. Y no deja de ser un equipo privado. ¿Dan las ventas de Red Bull para tanto? Desde luego dan para mucho, pero no creo que lo suficiente. Sus instalaciones no son de lo más puntero, pero es cierto que cuentan con gente válida. Eso sí, yo dudo que Newey sea tanta garantía como se dice, aunque es capaz de hacer un misil en cualquier momento. Otro asunto es que no se rompa. Si Fernando buscara un equipo puente no es mala opción, pero Mateschitz ya ha dejado claro que no es el momento de contratar una superestrella y que, además, no lo ficharían por un solo año.

 

Las demás opciones no son opciones en realidad, así que si tuviera que mojarme, lo haría por BMW Sauber, Honda  y, en menor medida, Toyota y Renault. Que Fernando tarde tanto me hace pensar que está intentando algo complicado, o lo que es lo mismo, entrar en un equipo puntero con pilotos bajo contrato… pero es sólo eso, una opinión/deseo. Veremos cuanto de verdad hay en ello. Luis García Abad, su manager, dijo en la Gala de premios de AS que Fernando quería un equipo competitivo para 2008. Y que para eso había tiempo...

Y un apunte. Si yo fuera McLaren no contrataría un piloto joven para acompañar a Hamilton. Con un líder indiscutible en el equipo lo que hace falta es un veterano que no “de problemas” y que lleve el peso del desarrollo. Yo me iría de cabeza a por Heidfeld. Y si no, Pedro. Y si es cierto que Rosberg y Sutil han dicho que no al segundo asiento… la opción de Pedro cada día es menos descabellada y toma más cuerpo.

November 17

Almas gemelas en mundos diferentes.

La parrilla se encuentra configurada y aún se escuchan leves comentarios a lo largo y ancho de la recta de meta. Hoy hay novedades y nadie escapa a ello. Algunos ríen con disimulo. Otros, simplemente las tildan como una serie más de las extravagancias de la Fórmula 1.
Entre los monoplazas se encuentra un coche amarillo. Pero no es cualquier monoplaza, es diferente al resto. Y esa cualidad es la que, irónicamente, tranquiliza a los jefes de equipo. “No llegarán a ningún sitio con esa idea”, “¡Están perdiendo el tiempo!”, son algunas de las afirmaciones que se escuchan en los diversos corrillos que se forman en cada Gran Premio. El último reducto de camaradería entre pilotos y jefes, una reminiscencia de aquellos años precedentes.
Entre los pilotos, un joven venido del hielo pilota un coche del año anterior con el que ha asombrado en el warm- up. Pero no es eso lo que sorprende a los demás, hay algo en su estilo, algo único. Aún no comprenden como puede ir rápido de ese modo y, sobre todo, como puede mantenerse en pista. Y, de nuevo, esa cualidad es la que hace que nadie muestre demasiado interés en conocer a aquel chico, puesto que a final de temporada ya no estará entre ellos. Ya no formará parte de la familia de la F1. Así que, en el fondo, nadie ve un cambio, la llegada de una revolución tecnológica o un talento único.
No hay tiempo para demasiada relajación, y pronto todo esto pasa a un segundo plano. La salida se avecina y cada integrante retoma su actividad, una actividad que es ferviente en las gradas porque dos de los pilotos locales se encuentran en primera línea; James Hunt y John Watson.
El vigente campeón se deja sorprender por Scheckter y es relegado a la tercera plaza a final de recta, tras Watson y el sorprendente Wolf del sudafricano.
Pero en la sexta posición está un hombre que arranca gritos de admiración en las tribunas, con su estilo deslizante, mágico, exuberante. Muerde los pianos con rabia, castiga sus neumáticos sin piedad y, en cambio, parece acariciar el asfalto sin descanso. Su coche no rueda, se desliza armoniosamente. Es una sensación contradictoria la que produce, ¿violencia o sensibilidad?, ¿inconsciencia o absoluto dominio?, ¿belleza o... belleza?
Poco más atrás, un proyecto destinado a marcar un antes y un después da los primeros pasos de un camino largo y difícil, más incluso de lo que sus creadores esperaban, pero igual de exitoso. 17 vueltas bastaron para que aquel día de julio sea recordado como el inicio de una era que cambiaría la concepción tecnológica de la Fórmula 1. Que Jean –Pierre Jabouille no pudiera llevar su Renault Turbo hasta la meta era, en realidad, un detalle de poca importancia. Sus rivales creían que nada cambiaría, y ciertamente no lo haría, por el momento.
Al igual que, y de modo premonitoriamente similar, nadie pensó que el chico que pilotó un Mclaren como jamás nadie lo había hecho, acabaría siendo una leyenda de una sombra tan extensa, que se convertiría en inmortal para los amantes de este deporte.
Hace algo más de 30 años el turbo y Gilles Villeneuve iniciaron su particular era, cada una parecida a la otra y, sin duda, diferentes al resto. Con personalidad propia, una atrayente y descomunal fuerza capaz de dominarlo todo.

Silverstone, 16 de Julio de 1977.
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November 16

Justo Campeón, sí. Pero...

Recuerdo que cuando preparábamos en Grand Prix el previo de la temporada que ya ha finalizado escribí que Kimi Raikkonen y Felipe Massa necesitarían un coche medio segundo más rápido que el del resto para poder vencer a Fernando Alonso en la lucha por el título.

A medida que avanzaba la temporada , y tras el bajón de la Scuderia, también escribí que Ferrari estaba notando la marcha de Ross Brawn, Michael Schumacher y los diferentes cambios en el staff técnico. Incluso recuerdo haberle preguntado a Fernando Alonso sobre ello (él opinaba que la marcha de Michael sí era un gran paso atrás en información y conocimientos sobre el monoplaza). Eso me hizo pensar que Ferrari no tendría mucho que hacer de ahí a final de año.

Bien, ya he rectificado sobre esto último, porque Ferrari ha demostrado ser capaz de sobreponerse al fin de una era tan decisiva en su historia reciente. Y lo ha hecho de un modo brillante, consiguiendo lo que me temía, un monoplaza medio segundo más rápido que el resto. Es cierto que no de un modo constante, pero sí en gran parte del año y, especialmente, en el momento de jugarse el título en las últimas carreras.

Pero no sólo eso, además ha hecho mejores a sus pilotos, algo que se ha notado especialmente en Kimi Raikkonen. El finlandés de McLaren era un grandísimo piloto rebosante de velocidad pero con decisiones, en muchas ocasiones, poco inteligentes y adecuadas. El Lewis Hamilton de 2007, en resumen. Algo, por otra parte, muy habitual en McLaren, que siempre ha carecido de lo que Ferrari ha hecho un arte, buenas decisiones en el muro y excelente gestión de sus pilotos y las posibilidades de éstos en la lucha por el título.

Ferrari supo hacer mejor a Kimi y también supo decantarse por él en el momento adecuado. McLaren compensó la falta de ese medio segundo necesario para Ferrari durante todo el año con luchas internas y decisiones absurdas. Con no decantarse por uno de sus pilotos, que en ese caso habría sido campeón con facilidad (cualquiera de los dos). Con no saber guiar a Hamilton cuando lo necesitó en las dos últimas carreras, cuando su inexperiencia, potenciada desde el muro, salió a relucir.  

Por eso pienso que Kimi es justo Campeón del Mundo 2007. Pero que sigue necesitando ese medio segundo sobre Fernando Alonso (y, posiblemente en el futuro, Lewis Hamilton, suponiendo que  sea lo suficientemente autodidacta como para aprender de sus errores, con McLaren que no cuente para ello).

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November 15

Desvergonzada hipocresía carente de integridad.

Así ha definido Nigel Tozzi, abogado de Ferrari, la actitud de McLaren en la vista de hoy sobre el caso de la gasolina en el pasado Gran Premio de Brasil. Y no le falta ni ápice de razón. McLaren, para empezar, apeló contra los datos ofrecidos por la empresa que hacía las mediciones de temperatura ambiente... y que ellos, junto con el resto de equipos pagaban! La cuestión es que dichas mediciones daban a las temperaturas de las muestras tomadas en los BMW Sauber y Williams como correctas. Pero las de la FIA no.
 
Tras no considerarse sanción por haber dudas acerca de los datos recogidos por unos y otros a McLaren se le ocurre apelar por lo de siempre, "el bien del deporte". Que excusa más barata que tanto se utiliza. Pues bien, ellos argumentan que sólo quieren una aclaración de la norma. Como si no estuviera clara. La ausencia de sanción no fue por una norma poco clara, sino por unas mediciones contradictorias...
 
Eso sí, el señor Ian Mill, abogado de McLaren, pide la esclusión de BMW Sauber y Williams de la prueba y la reclasificación de Hamilton. Que le hagan Campeón del Mundo vaya. Según Whitmarsh, porque es la única manera de aclarar la norma, es el único argumento desde un punto de vista de abogacía.
 
Para esto no hace falta poner a la F1 en esta situación ridícula. Que cuando os conviene aclar normas mandáis cartas a la FIA para que os lo aclare con un mail o un fax. Pues eso, lo que dice Tozzi. Desvergonzada hipocresía carente de integridad.
 
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November 11

Las piedras sobre tejado ajeno.

Nos pasamos el día pidiendo un deportista de alto nivel que relance tal o cual deporte, ya que consideramos que es imprescindible que haya repercusión mediática a través de sus éxitos. Y, cuando llega, nos dedicamos a tirar piedras contra nuestro propio tejado. Y no, no me refiero a Fernando Alonso.

El automovilismo de circuitos en España está alcanzando niveles nunca antes vistos en este país, pero yo, sinceramente, lo veo muy negro. Cada vez tenemos más circuitos que acompañan al excelente nivel de organización que España ha tenido siempre en cuanto a eventos de prestigio respecta. Los equipos españoles se asientan en las categorías internacionales y los pilotos nacionales son cada vez más numerosos y más competitivos fuera de nuestras fronteras. Para rematar, las empresas van tomando importancia en el concierto internacional, aunque no siempre sea apoyando a pilotos o equipos españoles. Y tenemos a la gran estrella que ha propiciado eso y que sirve de hilo conductor en el tiempo. Sólo debería ser cuestión de unos años más que todo ello produjera una base sobre la que construir un futuro automovilístico estable y con una gran afición que lo mantenga. Que no dependamos de Fernando Alonso para que se siga hablando de carreras en los bares y en los lugares de trabajo, en resumen.

Pero no se nos ocurre otra cosa que criticar y despreciar al deporte que nos da de comer, nos proporciona audiencias y nos hace vender ejemplares. No digo que no se saquen a la luz los trapos sucios como tramas de espionaje o determinados comportamientos contra pilotos de tu propio equipo, por poner un ejemplo. Me refiero a esa manía de exigir a la Fórmula 1 (que es la única categoría con peso específico en la actualidad) que sea lo que nada en este mundo es: limpia, deportiva y perfecta desde el punto de vista del espectáculo. Decimos que no es un deporte, que es un negocio, que los equipos son unos tramposos y que no hay adelantamientos y el espectáculo es pobre. Y claro, así es (aunque con matices, esto nos daría para otra página sobre cómo se educa a los nuevos aficionados para que entiendan una actividad tan compleja como al automovilismo y sus alicientes).

Pero luego nos dedicamos a hablar de otros deportes como si no adolecieran de los mismos problemas. Claro, el fútbol -nuestro amado fútbol- es todo un ejemplo a seguir en todos los sentidos. Y nombro el fútbol porque es el deporte rey, no por otra cosa. Lo mismo se puede aplicar a todos los demás. Uno puede despotricar contra lo sucio de la F1 e inmediatamente después convertirse en el más firme defensor del ciclismo, por ejemplo. Que contrasentido.

Y el problema viene en la mayor parte de las ocasiones por pura desinformación. Que la investigación abierta a Renault por supuesto espionaje a McLaren haya dado como principal teoría que Ron Dennis quiere impedir que Fernando Alonso fiche por Renault es un patético ejemplo más de tontería, vaguería y falta de profesionalidad. Bastaba con recordar que dicha acusación fue presentada el 13 de septiembre, pero claro, eso supone leer el comunicado de agencias o, lo que es peor, dejar pasar una polémica que nos rellene espacio. Total, si casi nadie sabe de F1, para qué perder el tiempo en aprender sobre ella, mucho menos enseñar. Es sólo un ejemplo de los muchos que faltan al respeto a nuestro deporte con total impunidad y sin pararse a pensar ni cinco segundos en la repercusión de su insensatez.

Para que un deporte se asiente en un país lo primero que hay que inculcar a los nuevos aficionados es respeto por ese deporte. Sin mentiras ni medias verdades. Y eso en una temporada deportivamente tan apasionante como la que hemos vivido no era tan difícil de conseguir.

Podemos pasarnos semanas hablando de lo que ha ocurrido sobre la pista, pero si no empezamos a respetar más a nuestro deporte y a sus integrantes no conseguiremos nada. No servirá de nada que Raikkonen sea Campeón del Mundo, que Lewis Hamilton haya impresionado en su primera temporada o que Alonso lo haya dado todo hasta el último metro. No importarán los adelantamientos ni las vueltas rápidas, porque cuando Fernando se retire las carreras volverán a morir en España. Y ellos seguirán viviendo del fútbol, su tejado. Ya están los otros tejados para pasar el rato afinando la puntería.